Dicen que fue Stuart Mill quien formuló por primera vez la metodología comparada; pero desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, este método ha adquirido una complejidad que no imaginaría el filósofo y matemático inglés. Esta complejidad es la que permite, precisamente, comparar sociedades o, en el caso de las políticas, respuestas de diferentes sociedades ante un mismo reto o una situación semejante, extrapolando ideas y conclusiones de interés para la región o país sobre el que se está trabajando.
Este tipo de investigaciones, en mi opinión, ayuda en gran medida al gestor, aportando fundamentalmente dos ventajas. La primera de ellas es el conocimiento de una larga lista de posibles actuaciones concretas con las que desarrollar una política determinada o perseguir unos objetivos concretos, que son los que comparten los organismos de otras regiones o países que se han estudiado. La segunda de las aportaciones es una reducción considerable de los riesgos ineherentes a la gestión de cualquier actuación pública, pues un estudio de estas caractersíticas permite descartar actuaciones que a priori pueden resultar interesantes pero que en la práctica, ejecutadas en otro país o región, han puesto de relieve riesgos con los que no se habría contado de no haberse realizado el estudio. Por último, pues es una aportación menor pero que en determinadas ocasiones tiene su importancia, permite al gestor de lo público crear una red, más o menos formal, con otros gestores que se enfrentan a diario con sus mismos retos o problemas.
Para ver una muestra de los estudios comparados que hemos realizado últimamente, pude dirigirse al apartado de 'proyectos ejemplares'.


